Dos veces oscuridad. Primera

El sábado por la madrugada vino uno de mis compañeros de piso para invitarme a festejar el halloween con su amigo italiano Carlo. Carlo es de esos hombres que me causan atracción: seguros, divertidos, que se toman la vida un tanto a la ligera mientras siguen haciendo todos los deberes cotidianos; y pues ante mi deseo por el rubio italiano, apague mi ordenador, me vestí y salí a las tres de la mañana a casa del guapo o del amigo de éste, que por cierto es gai e insistían en presentármelo. Llegué a pensar en mi absurda teoría de guapo se junta con guapo, y pensé que el amigo sería al menos medianamente atractivo, pero al llegar si bien no sufrí una decepción no me emocioné con el gordi-chido-español amigo del italiano.

Antes de mi llegada habían decidido ir a una bar, así que cuando arribé a la casa todos estaban en la cera listos para ir a bailar. Desde que salí de mi casa en Argüelles pude notar que había mucha gente en la calle para lo tarde hora que era, y pensaba que tal vez muchos regresaban de sus fiesta de día de brujas, lo cierto es que muchos o iban a continuar sus festejos o apenas iba rumbo a ellos: en Madrid se fiestea demasiado y a muy altas horas porque la ciudad lo permite, es pequeña y segura, por ello todo mundo se siente cómodo a cualquier hora de la madrugada buscando donde divertirse, tal cual estábamos nosotros.

Pasamos una hora buscando lugar, todo estaba lleno, lo cual era un tanto molesto; pero no lo hubiera sido tanto si la amiga azafata de mi roomate, él que me invito, no hubiera estado tan impertinente y estuviera de hostil con todos los españoles, sin embargo ese arrojo después daría las mejores anécdotas de la salida.

Acabamos por ir a chueca, el barrio gai de la ciudad, y rumbo allá sucedió mi primer gran sonrojo. Iba un tanto serio porque todo mundo ya estaba enfiestado después de haber estado bebiendo durante unas cuantas horas, en cambio yo venía sobrio de mi casa y sin una pila extra para ser las tres de la mañana, así que todo mundo medio me traba de animar, pero yo no estaba desanimado sólo no estaba enfiestado. En fin... el chiste es que Carlo que estaba pedidisisimo se acerca y me dice: "Sabes que Julio te voy a dar la putiza de tu vida. Una putiza tan tan buena que ninguno de tus ex-novios o tu novio o cualquiera de tus próximos pretendientes te van o podrían dar" y después concluyó "Por que a veces, yo... ya sabes yo..." y le ayudo a terminar la frase "haces ayuda a la comunidad" y me dice "exacto": wuuuau, yo me quedé de a seis y bastante emocionado.

Llegamos al bar: todo era bastante gai: la música, la decoración, el ambiente (tal cual debía hacer), estaban los chicos sanos-guapos-españoles que me estoy acostumbrado a ver, así que ninguna novedad, pero los amigos gais de Carlo me insistían que era un lugar "raro" como sinónimo de cool, yo por supuesto sólo asentaba con la cabeza. Pasados unos minutos la azafata mexicana amiga de mi roomate se puso de lanzada con el italiano y lo empezó a desnudar, le levantaba la camisa y le bajaba el pantalón, ví sus boxer tipo Calvin que traía y me puse más nervioso que cuando me mencionó la putiza, no sabía si voltear o no a ver, siempre quiero ver pero no quiero parecer un cerdo, y sobretodo en un momento donde no participo directamente en la acción (aunque en Shortbus contradicen mi observaciónn), así que me volteé y sólo escuche el "uhhhhhhh" y me dije para mi mismo "diablos".

Terminó la música a las 6 de la mañana, prendieron las luces y todos decían que fuéramos a un afer, “¿cómo esto no era el after?”, salimos y Carlo estaba solo bromeando con el chino que vendía cerveza a un euro, y me decía "esa mujer esta loca, me desnudo, Julio, me saco la polla, ahí enfrente de todos, ¿y sabes que me enoja? que no haya terminado" y después grito para el público en general "que alguien me la chupe por amor de Dios" yo no podía estar más emocionado, pero sabía que sólo era de estar un heteroflexible guapo y no porque se fuera cumplir alguna fantasía al estilo Red Shoes Diaries, jejeje, hay dios eso es softporn hereto.

El chiste es que terminaron partiendo a otro antro mientras yo regresaba solo a casa, no traía dinero y los españoles no me había caído muy bien: necesito hablar un poco con las personas para hacerme ideas buenas de ellas sino me dan un poco de hueva. Sé que es un prejuicio pero a mi se me enamora por la platica.

Mientras iba caminando iba un tanto contento porque me di cuenta que este en Madrid o en México o en Timbuktu (¿qué esta ciudad está muy muy lejos o porqué diablos se usa de ejemplo?) yo era el mismo, no me divertía la diversión en si, no por ir a una fiesta me pongo de buenas, así de aburrido soy.

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